Maravillas de la voluntad - Octavio Paz


Octavio Paz Lozano nació en Ciudad de México, en 1914.
Fue poeta, escritor y ensayista. Premio Nobel de Literatura en 1990.
Falleció en Ciudad de México en 1998.
 Su obra: 
 Poesía: Luna silvetre, Puerta condenada, La rama, A la orilla del mundo, Libertad bajo palabra,Salamandra, Blanco, La centena, Ladera este, Le singe grammairien, traducción francesa de El mono gramático, Pasado en claro,  Vuelta, Poemas (1935-1975), Árbol adentro, El fuego de cada día.
Ensayo: El laberinto de la soiledad, El arco y la lira, Las peras del olmo, Cuadrivio, Puertas al campo, Corriente alterna, El nuevo festín de Esopo, El castillo de la Pureza, Conjunciones y disyunciones, Posdata, El signo y el garabato, Los hijos del limo, La búsqueda del comienzo, El ogro filantrópico, In-mediaciones, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Tiempo nublado, Sombras de obras, Hombres en su siglo, Pasión crítica, conversaciones con diversos interlocutores, Primeras letras, colección de sus prosas de juventud, Pequeña crónica de grandes días, La otra voz. Poesía y fin de siglo, Convergencias, A paso, La llama doble, Itinerario, Vislumbres de la India.

Maravillas de la voluntad

A las tres en punto don Pedro llegaba nuestra mesa, saludaba a cada uno de los concurrentes, pronunciaba para sí unas frases indescifrables y silenciosamente tomaba asiento. Pedía una taza de café, encendía un cigarrillo, escuchaba la plática, bebía a sorbos su tacita, pagaba a la mesera, tomaba su sombrero, recogía su portafolio, nos daba las buenas tardes y se marchaba. Y así todos los días.

¿Qué decía don Pedro al sentarse y al levantarse con cara seria y ojos duros? Decía:

Ojalá te mueras.

Don Pedro repetía muchas veces al día esta frase. Al levantarse, al terminar su tocado matinal, al entrar o salir de casa – a las ocho, a la una, a las dos y media, a las siete y cuarto -, en el café, en la oficina, antes y después de cada comida, al acostarse cada noche. La repetía entre dientes o en voz alta, a solas o en compañía. A veces sólo con los ojos. Siempre con toda el alma.

Nadie sabía contra quien dirigía aquellas palabras.

Todos ignoraban el origen de aquel odio. Cuando se quería ahondar en el asunto, don Pedro movía la cabeza con desdén y callaba, modesto. Quizá era un odio sin causa, un odio puro. Pero aquel sentimiento lo alimentaba, daba seriedad a su vida, majestad a sus años. Vestido de negro, parecía llevar un luto de antemano por su condenado.

Una tarde don Pedro llegó más grave que de costumbre. Se sentó con lentitud y en el centro mismo del silencio que se hizo ante su presencia, dejó caer con simplicidad estas palabras:

—Ya lo maté.

¿A quién y cómo? Algunos sonrieron, queriendo tomar la cosa en broma. La mirada de don Pedro los detuvo. Todos nos sentimos incómodos. Era cierto, allí se sentía el hueco de la muerte. Lentamente se dispersó el grupo. Don Pedro se quedó solo, más serio que nunca, un poco lacio, como un astro quemado ya, pero tranquilo, sin remordimientos.

No volvió al día siguiente. Nunca volvió. ¿Murió? Acaso le faltó ese odio vivificador. Tal vez vive aún y ahora odia a otro. Reviso mis acciones. Y te aconsejo que hagas lo mismo con las tuyas, no vaya a ser que hayas incurrido en la cólera paciente, obstinada, de esos pequeños ojos miopes. ¿Has pensado alguna vez cuántos —acaso muy cercanos a ti— te miran con los mismos ojos de don Pedro?

5 comentarios:

María José Jiménez Hernández dijo...

Desafortunadamente nuestra sociedad no está educada para apreciar las obras culturales. Es una pena porque muchos han de desconocer quién es Octavio Paz . Ojalá hubiera más interés por parte de las personas para conocer más.

María José Jiménez Hernández dijo...

Desafortunadamente nuestra sociedad no está educada para apreciar las obras culturales. Es una pena porque muchos han de desconocer quién es Octavio Paz . Ojalá hubiera más interés por parte de las personas para conocer más.

Claudia Cortalezzi dijo...

Muchas gracias por tu comentario, María José.
Pronto estaré subiendo más literatura de Octavio Paz.
Saludos.
Claudia

Ulises Reyes dijo...

Genial!

Gracias por compartir.

Ulises Reyes dijo...

Genial!

Gracias por compartir.